5 Abril 2007
Es curioso: se pueden provocar cambios en el uso de las cosas simplemente cambiándoles el nombre. Hace un tiempo, el mini-chat que hay aquí al lado tenía como cabecera un simple "Chat". Era un título muy preciso pero poco atractivo y decidí cambiarlo para fomentar más la interactividad: "Y tú, ¿en qué te cagas?". Desde entonces, veo muchos mensajes graciosos haciendo suposiciones acerca de en qué (o en quién) pueden estar cagándose personajes conocidos (y no tan conocidos). Es divertido. Me alegro de que el chat tenga esta nueva función.
Uno de los mensajes más recientes del chat ha hecho que me plantee una cosa: ¿por qué nos cagamos en la sota de oros? ¿Qué sentido tiene? Es una simple carta de la baraja española… ¿Maldecir o reprocharle algo a un naipe es propio de animales racionales? Movido por la curiosidad, he tirado de Google.
No viene al caso pero me ha alegrado mucho ver que la búsqueda "cago" devuelve este blog como primer resultado.
Volviendo al tema, he visto algún extracto que explica el origen de varios dichos populares pero no he conseguido encontrar por qué nos cagamos en la sota de oros, pobrecita. Así que he intentado elaborar mi propia teoría. ¿Por qué pudo protestar la primera persona que se cagó en la sota de oros? Quizás estaba jugando a las cartas y, por culpa de una caprichosa sota de oros, terminó perdiendo la partida. "Me cago en la sota de oros", habría dicho al final. Un poco absurdo, ¿no? Descartada la explicación inmediata, parece lógico pensar que tiene que haber una metáfora en esta sentencia. No nos cagamos en la carta, sino en lo que simboliza. ¿Qué representa la sota de oros?
El palo de oros es el más valioso de la baraja española y es la imagen del éxito y el dinero. Por otro lado, la sota (aunque la palabra "sota" sea de género femenino) tiene estampada la figura de un paje o un infante. Estamos ante un criado o bien un hijo que no heredará la corona de su padre, que vive rodeado de dinero y que tiene aspecto afeminado. ¿Conclusión? Está claro: la sota de oros es Julio José Iglesias. Cuando nos cagamos en la sota de oros, nos estamos cagando en lo que representa este chaval: poco talento, éxito inmerecido, ambigüedad sexual y dinero a raudales. Efectivamente, me cago en la sota de oros.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…

servido por cagoento
21 comentarios
compártelo
2 Abril 2007
Los domingos por la tarde son una mierda, el momento más aburrido de la semana. Cuando llueve, es peor todavía, porque da pereza salir a la calle y terminas haciendo el perro en el sofá. Ayer, después de la siesta, no tuve nada mejor que hacer que planchar unas camisas y, para intentar aliviar lo triste del momento, me puse la tele. Mi pulgar iba como loco haciendo zapping, buscando algo interesante. La tele de los domingos por la tarde es una mierda también. Como cada vez siento más simpatía por los calvos (uno se hace mayor), al reconocer al exhombre del tiempo de España Directo, paré en TeleCinco. El programa se llamaba El Buscador. No esperaba gran cosa pero lo que encontré fue mucho peor de lo que podía imaginar.
Para conseguir un programa como El Buscador basta con seguir la siguiente receta:
Un poco de catastrofismo
Una pizca de fenómenos paranormales
Un manojo de tragedias
Un puñado de cotilleo
Unos vídeos caseros de toros o de niños
Y una taza de zumo de amarillismo
En una sartén se pone a calentar el catastrofismo. Mientras, se pican bien los fenómenos paranormales y las tragedias. Se sofríe la mezcla a fuego medio. También se puede utilizar un sofrito de algún otro programa (se llamaría "refrito" en ese caso). Se separa una parte del picadillo para hacer un revuelto que serviremos como aperitivo al empezar el programa (y cada cinco minutos). Cuando las tragedias están bien doraditas, se añade el cotilleo. La medida sería de dos rumores por cada catástrofe, para neutralizar bien la acidez de las tragedias. Bajar el fuego y dejar cocer unos diez minutos. Finalmente, poner todo en una fuente para el horno, aderezar con los vídeos domésticos y cubrir bien con el zumo de amarillismo. Después de otros diez minutos en el horno, habréis obtenido un plato "sensacional".
Me cago en estos programas que utilizan material editado por otros. Me cago en la voz en off, que entona como si estuviera narrando una película de miedo. Me cago en las fiestas populares donde se putea a los toros. Me cago en el sensacionalismo y en la crónica negra. Me cago en los programas que no tienen una línea editorial y son una mezcla sin sentido de actualidad, sociedad y sucesos. Me cago en El Buscador y en todos sus semejantes.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…

servido por cagoento
14 comentarios
compártelo
28 Marzo 2007
Mi relación con la cama siempre ha sido bastante peculiar. Se podría resumir diciendo que soy un cuerpo con mucha "inercia durmiente". Cuando estoy despierto, me cuesta modificar ese estado de movimiento y la inercia me impulsa a seguir activo. Por otro lado, cuando duermo, tiendo a seguir haciéndolo a menos que alguna fuerza externa me interrumpa lo suficiente.
Aparte de los despertadores, no hay muchas "fuerzas externas" que puedan sacarme del reino de los sueños. Mientras duermo, soy prácticamente inmune a todo tipo de contaminación acústica: vecinos en obras, ronquidos, críos, petardos, truenos… Pero hay un tipo de causa capaz de modificar mi reposo sin hacer ruido: las ganas de hacer pis. ¡Qué putada! Estás en la cama, calentito, durmiendo. Con un poco de suerte, en mitad de un sueño agradable y, de repente, se te abren los ojos:
[Tú] ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?
[Tu otro tú] Ah, vale. Estoy en la cama. Acabo de despertarme.
[Tú] ¿Por qué me he despertado? ¿Qué hora es?
[Tu otro tú] Coño, si son las tres. Anda, voy a cerrar los ojos a ver si recupero el sueño donde lo dejé.
…
[Tú] Nada. No hay manera. No me duermo. Tiene que haber algún motivo para haberme despertado.
[Tu otro tú] Pero si es noche cerrada, no se oye ni un ruido…
[Tú] ¡Joder, me hago pis! Me va a estallar la vejiga, ¡mierda! Voy a tener que salir de la cama. Con el frío que hace fuera. Y no tengo las zapatillas cerca. Tenía que haber puesto calefacción en el suelo. ¡Brrrr!
Medio dormido y andando de puntillas, llegas al baño. Sin gafas, con los ojos entreabiertos (más bien entrecerrados), intentas acertar pero terminas meando fuera de tiesto (en sentido literal). Después, vuelves a la cama lo más deprisa que puedes, independientemente de si te has podido sacudir bien la gota floja o no. ¡Por fin, en la cama otra vez!
[Tú] Me cago en mí. ¿Por qué no hice pis ayer antes de acostarme?
[Tu otro tú] Claro, que si tuviera una vejiga más elástica, no haría falta ser tan precavido. Me cago en mi vejiga. ¿Y por qué los riñones siguen funcionando por la noche? ¿No descansan nunca? ¿Son adictos al trabajo los riñones? Me cago en los riñones.
[Tú] Aunque, ahora que lo pienso, he tenido pis por la botella de vino que me pimplé cenando. Estaba demasiado bueno… Me cago en el buen vino.
[Tu otro tú] Y me cago en House también, que me fui a la cama escopeteao por su culpa.
[Tú] Para ser justo, debería cagarme en Cuatro. Son ellos quienes ponen una tanda de anuncios antes de resolver el episodio.
[Tu otro tú] Por cierto, ¡qué fuerte lo del boicot del PP al grupo Prisa…! ¿Debería cagarme en el PP o en Prisa?
[Tú] ¿Y merece la pena que te desveles pensando en esto, tontolculo? Anda, deja de cagarte en el mundo entero por una tontería y ¡duérmete de una vez!
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…

servido por cagoento
19 comentarios
compártelo
21 Marzo 2007
Hace cosa de un mes, un lector me sugería en el chat que me cagara en los cansinos. Enseguida me acordé de un excompañero de trabajo que siempre protestaba cuando su jefe le mandaba faena: "¡Qué cansino es!", decía. Nunca había oído esa expresión antes, por lo que mi entendimiento de la palabra "cansino" se basaba sólo en las situaciones en las que este chaval refunfuñaba. No sabía cómo cagarme en los cansinos, así que la sugerencia quedó ahí, aparcada, hasta que, ayer por la noche, viendo el telediario, me sorprendí con un: "¡qué cansinos son los políticos!". Me salió del alma. Y, además, aprendí a usar una palabra nueva.
Me cansan los políticos. Todos. Los grandes y los pequeños. Los que gobiernan y los de la oposición. Los estatales, los autonómicos y los municipales. Los que tienen edad para ocupar cargos y los jabatos que esperan ocuparlos algún día. Los que hablan mucho pero no dicen nada. Los que dicen mucho pero no hacen nada. Los que dicen una cosa y hacen otra. Los que hacen lo que les da la gana y los que deshacen lo poco que otros han hecho. Me cansan los políticos. Todos. Y me cago en ellos. Por cansinos.
Si me permitís, daré mi visión sobre la política española. Ante todo, tenemos un presidente que se parece a Míster Bean (eso da poca credibilidad); un jefe de la oposición que se mueve como un títere (diría incluso que piensa y habla como un títere); lloricas y mamones en los gobiernos autonómicos (ya lo dice el refrán); ayuntamientos dirigidos por corruptos que, como los gobernadores romanos, aprovechan su oportunidad para robar todo lo robable; partidos con vocación de pastores, sacando sus rebaños a pasear por la calle; satélites que hacen el trabajo sucio a los partidos; un parlamento donde se vocea y se patalea como en un estadio de fútbol; una prensa especializada (eso dicen ellos) que da más importancia a las palabras que a los hechos, fomentando que los políticos inviertan más en charlatanería que en acción política; expresidentes nostálgicos, que todavía gustan de unos minutos de gloria (el único jubilado cuya opinión me importa es Cruyff)… Y mientras, ¡la casa sin barrer! Con la cantidad de cosas por hacer que hay en este país, se pasan el día discutiendo:
[Unos] Yo lo haría mejor que tú si estuviera en tu lugar. ¡Abandona! ¡Déjame a mí!
[Otros] Pues yo creo que lo hago bastante bien. Tú lo hiciste peor. ¡De aquí no me sacan ni los GEO!
[El resto] En realidad, todos lo hacéis muy mal. Nosotros somos los mejores. ¡Oe, oe, oeee, oeeeee!
En unas semanas, tendremos elecciones otra vez y nos tocará soportar otra campaña electoral. Creo que voy a tener que dejar de leer periódicos y de mirar telediarios. Si no, igual me pongo enfermo por la cantidad de veces que me cago en los políticos. No puede ser bueno cagar tanto.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…
servido por cagoento
16 comentarios
compártelo
19 Marzo 2007
El viernes fui al cine. Es una lástima que los cines tengan los días contados. Me temo que, dentro de unos años, ya no quedarán salas. Ni siquiera en los centros comerciales de la periferia de las ciudades. No sé si la culpa es de Internet, de la piratería o de las malas películas que se hacen. Lo cierto es que cada vez cuesta más encontrar una película por la que merezca la pena pagar 6€. Sobran medios pero faltan ideas. Ya no hay guiones originales. En su lugar, se versionan libros, tebeos, obras de teatro, series de televisión y hasta videojuegos. Incluso se rehacen películas o, cuando se intuye que la vaca todavía tiene leche, se crean precuelas.
Un inciso: no sé qué recomienda la RAE para nombrar a las precuelas, por lo que seguiré llamándolas así, aunque sea una aberración etimológica. Las alternativas de protosecuela o presecuela me convencen todavía menos.
¿Por qué me cago en las precuelas? Pues la clave está precisamente en eso: en el porqué. Conoceréis las cinco W del periodismo: quién, qué, dónde, cuándo y por qué. Un buen reportaje periodístico tiene que responder a esas cinco preguntas. Pero ¿alguien ha dicho que un relato tenga que cumplir con las cinco W para ser interesante? ¿Hace falta entender el porqué de las cosas para disfrutar con una película? ¿Alguien echa de menos una explicación de por qué una pequeña villa costera se ve atacada por Los Pájaros?
A mi entender, muchas precuelas caen en el vicio de querer explicar racionalmente todo lo que se ha podido ver en la película original. Me puedo imaginar cómo se escribe el guión de una precuela: se listan todos los acontecimientos y rasgos de la personalidad de los protagonistas, se encuentra un motivo para cada uno de ellos y, finalmente, se enlazan todas esas explicaciones como si se tratara de un puzzle, aunque las piezas no terminen de encajar. ¿El resultado? Una película que carece de argumento propio, una sucesión de historietas independientes que parece más un tráiler que otra cosa.
Si tenéis niños (o sobrinos o algo) habréis jugado alguna vez al "¿y por qué…?". Cuando a los niños se les despierta la curiosidad, tienden a preguntar el porqué de las cosas. De todas las cosas. Es una especie de desafío que lanzan cuando te preguntan por qué tienen que terminarse el pollo; para cada respuesta, encuentran un nuevo "¿y por qué…?" y terminas explicándoles el origen del universo o la evolución de las especies. El viernes, viendo Hannibal Rising, me sentí como el niño tocapelotas que pregunta el porqué de todo, una cuestión tras otra, y se descojona viendo como el "adulto", con buena voluntad, va tratando de responder a todas las preguntas con más o menos ingenio. Un poco ridículo. Yo prefiero que las películas se centren más en el quién y en el qué antes que en el por qué.
Evidentemente, hay notables excepciones. Quizás la primera precuela que conozco, El Padrino II, es la mejor excepción. Media película es una precuela de El Padrino y, a pesar de ello, me gusta. Precisamente, porque no se detiene en razonar lo que se pudo ver en la primera parte, sino que relata una historia propia, independiente, que podría existir sin las películas posteriores (o anteriores, según se mire).
Así que, a menos que me demuestren lo contrario, me cago en las precuelas. Hannibal Rising, la primera trilogía de "Star Wars" (entera), "El Exorcista, el inicio", "La Matanza de Texas, el inicio"… son películas que no tendrían sentido por sí solas. Sólo sirven para complementar, con dudoso éxito, las películas originales. Son totalmente prescindibles.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…
servido por cagoento
12 comentarios
compártelo
12 Marzo 2007
El pasado viernes encontré un nuevo motivo para avergonzarme de la clase política que nos representa: se declaró otro caso de transfuguismo en el ayuntamiento de mi ciudad. Ya se sabe: las ratas son las primeras en abandonar el barco.
Por curiosidad, he querido mirar en el diccionario la definición de tránsfuga:
tránsfuga.
(Del lat. transfŭga).
1. com. Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra.
2. com. Persona que, con un cargo público, no abandona éste al separarse del partido que lo presentó como candidato.
3. com. Militar que cambia de bando en tiempo de conflicto.
Encuentro lógico que la gente pueda cambiar de forma de pensar (definición #1). No se puede obligar a nadie a ser inflexible. La definición #2 es la que da en el clavo: una persona consigue un puesto público gracias a un partido político; independientemente de su motivación, cambia de ideología; su dignidad le impide seguir en ese mismo partido, pero no le impide mantener el cargo que el partido le proporcionó. ¿Caradura? ¿Traidor? ¿Sinvergüenza? ¿Estafador? No se me ocurren palabras más suaves.
No voy a extenderme mucho más, porque ya dediqué unos versos a esta especie de vividores inmorales hace un tiempo. Sólo decir que no se puede terminar con los comportamientos no deseados si éstos son premiados en lugar de ser castigados. Me cago en la ley que permite a los desertores mantener su cargo. Y me cago en los partidos que aceptan a tránsfugas en sus filas. Estoy convencido de que, si renunciar al partido que te da responsabilidad política supusiera perder el sueldo y no poder participar activamente en política durante unos años, desaparecería el transfuguismo.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…

servido por cagoento
15 comentarios
compártelo
7 Marzo 2007
Mi enhorabuena para el Liverpool. En el global de los 180 minutos, han merecido sobradamente pasar la eliminatoria. El equipo de Benítez (y se tiene que decir así porque no podría ser de otro entrenador) defendió, presionó y atacó como hacía tiempo que no se veía. Quizás desde que el mismo señor Benítez estaba en el Valencia. Seguro que alguna lumbrera ahora le quiere llevar al Real Madrid.
El Barça lo intentó, pero no pudo. Ronaldinho sacaba pecho después del partido contra el Athletic, pero lo que debería hacer es esconder tripa día a día. Deco y Márquez están más flojos que nunca. ¿Será cierto que una vida sentimental calmada es clave para tener un buen rendimiento sobre el campo? Xavi e Iniesta jugaron bien. Oleguer y Valdés, también. Pero había que marcar dos goles y los de arriba no pudieron crear ocasiones. En fin, otro año será… o no.
Como habréis notado, quizás por alguno de mis artículos anteriores, soy del Barça. A pesar de ello, no me duele reconocer que el Liverpool fue mucho mejor (sería una idiotez engañarme diciendo que la culpa fue de los árbitros). Lo que sí me molesta, me irrita y hasta me cabrea, es ver como una cadena de televisión española retransmite un partido de fútbol con tanta pasión… a favor de los ingleses.
Ya sabéis que soy muy sensible (o irritable o susceptible o imbécil, como queráis decirlo) y me termino indignando por tonterías, pero lo de Antena 3 me parece exagerado. Primero, porque no tienen ni puta idea de fútbol. No es que me considere un experto, pero sí sé qué es un fuera de juego posicional o cuándo una mano debe considerarse voluntaria. La prueba de que los locutores no saben es que los comentaristas de oficio (ayer, Laudrup y Bakero) no les dan bola y no continúan nunca su narración (a menos que sea para contradecirles). Y segundo, me cago en los locutores de Antena 3 porque se les nota demasiado que prefieren que el Barça pierda. ¿Que no lo notáis? ¿Que es manía persecutoria mía? Puede ser. Igual soy un malpensado, pero a mí, como simpatizante del Barça, muchas veces me ofenden los comentarios que hacen, así que me cago en ellos. Por si acaso.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo… Enviar a…

servido por cagoento
17 comentarios
compártelo
6 Marzo 2007
Después de varios años trabajando en Madrid, siendo asiduo del puente aéreo y de haberlo dejado hace unos meses, este fin de semana volví a utilizarlo. Como turista. Además de lo agradable de la visita, que lo fue, hubo muchas cosas que me gustó recordar.
Me gustó poder facturar en el mostrador de business –uno todavía conserva privilegios–; me agradó el saludo profesional de las azafatas al subir al avión; escuché relajado la música ambiental; contemplé con admiración el majestuoso arco iris de la T4… Pero, como podéis imaginar, si todo hubiera ido bien, no estaría ahora escribiendo sobre el puente aéreo. La masificación hace demasiado probable encontrar gilipollas, vayas donde vayas.
Me parece estúpida la prohibición de subir fluidos al avión. Pero me parecen más estúpidos todavía los que intentan burlarla. Uno quería subir un bote de espuma de afeitar que superaba las medidas reglamentarias, argumentando que estaba casi vacío. No sé si se hacía el tonto o lo era, pero sin duda me pareció tonto del culo. Después están los listos que se sientan junto a la puerta de embarque, observan impasibles cómo se va formando una cola delante de ellos y, cuando llega el momento, buscan un lateral de la fila y pasan por delante de todos los que hemos estado haciendo cola. Me cagué en ellos, claro.
Ya dentro del avión, me cagué en el tío que tenía al lado. Le cantaba el aliento, respiraba por la boca y le gustaba mirar por la ventanilla. ¡Vaya combinación! Yo estaba en la ventanilla, con lo que tuve que tragarme su aire putrefacto casi todo el viaje. Me cagué en la gorda que tenía detrás. Los aviones no están pensados para gordos. Ella no tiene la culpa –o sí– pero cada vez que se movía, golpeaba el respaldo de mi asiento. Me cagué en el que roncaba. La gente que ronca no debería andar durmiéndose por ahí. Estuve cagándome en él (o en alguien de su familia) a ritmo de una vez por ronquido. Creo que no le quedó ningún pariente limpio. Me cagué en el comandante, que tuvo que saludar justo cuando ya me había adaptado a las circunstancias y empezaba a dormirme. Me cagué en Iberia, porque nunca suben bocadillos suficientes. Para un día que estaba dispuesto a ser atracado (8€ por un bocata de jamón no merece otro nombre), ya se les habían terminado.
Y me cagué, más que en nadie, en la pija cuyo móvil sonó al aterrizar. La muy hijaputa lo había llevado encendido todo el viaje. Y aun sabiendo que hasta que "las puertas hayan sido abiertas" no se puede usar el móvil, estuvo escribiendo SMS's mientras nos dirigíamos al finger. Dicen que la ignorancia no exime del cumplimiento de la ley. No es que disculpe a los ignorantes; pero los cínicos, los que conocen las reglas y se las saltan conscientemente, me sacan de quicio.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.
Valorar artículo... Enviar a...

servido por cagoento
8 comentarios
compártelo