Me cago en las precuelas
El viernes fui al cine. Es una lástima que los cines tengan los días contados. Me temo que, dentro de unos años, ya no quedarán salas. Ni siquiera en los centros comerciales de la periferia de las ciudades. No sé si la culpa es de Internet, de la piratería o de las malas películas que se hacen. Lo cierto es que cada vez cuesta más encontrar una película por la que merezca la pena pagar 6€. Sobran medios pero faltan ideas. Ya no hay guiones originales. En su lugar, se versionan libros, tebeos, obras de teatro, series de televisión y hasta videojuegos. Incluso se rehacen películas o, cuando se intuye que la vaca todavía tiene leche, se crean precuelas.
Un inciso: no sé qué recomienda la RAE para nombrar a las precuelas, por lo que seguiré llamándolas así, aunque sea una aberración etimológica. Las alternativas de protosecuela o presecuela me convencen todavía menos.
¿Por qué me cago en las precuelas? Pues la clave está precisamente en eso: en el porqué. Conoceréis las cinco W del periodismo: quién, qué, dónde, cuándo y por qué. Un buen reportaje periodístico tiene que responder a esas cinco preguntas. Pero ¿alguien ha dicho que un relato tenga que cumplir con las cinco W para ser interesante? ¿Hace falta entender el porqué de las cosas para disfrutar con una película? ¿Alguien echa de menos una explicación de por qué una pequeña villa costera se ve atacada por Los Pájaros?
A mi entender, muchas precuelas caen en el vicio de querer explicar racionalmente todo lo que se ha podido ver en la película original. Me puedo imaginar cómo se escribe el guión de una precuela: se listan todos los acontecimientos y rasgos de la personalidad de los protagonistas, se encuentra un motivo para cada uno de ellos y, finalmente, se enlazan todas esas explicaciones como si se tratara de un puzzle, aunque las piezas no terminen de encajar. ¿El resultado? Una película que carece de argumento propio, una sucesión de historietas independientes que parece más un tráiler que otra cosa.
Si tenéis niños (o sobrinos o algo) habréis jugado alguna vez al "¿y por qué…?". Cuando a los niños se les despierta la curiosidad, tienden a preguntar el porqué de las cosas. De todas las cosas. Es una especie de desafío que lanzan cuando te preguntan por qué tienen que terminarse el pollo; para cada respuesta, encuentran un nuevo "¿y por qué…?" y terminas explicándoles el origen del universo o la evolución de las especies. El viernes, viendo Hannibal Rising, me sentí como el niño tocapelotas que pregunta el porqué de todo, una cuestión tras otra, y se descojona viendo como el "adulto", con buena voluntad, va tratando de responder a todas las preguntas con más o menos ingenio. Un poco ridículo. Yo prefiero que las películas se centren más en el quién y en el qué antes que en el por qué.
Evidentemente, hay notables excepciones. Quizás la primera precuela que conozco, El Padrino II, es la mejor excepción. Media película es una precuela de El Padrino y, a pesar de ello, me gusta. Precisamente, porque no se detiene en razonar lo que se pudo ver en la primera parte, sino que relata una historia propia, independiente, que podría existir sin las películas posteriores (o anteriores, según se mire).
Así que, a menos que me demuestren lo contrario, me cago en las precuelas. Hannibal Rising, la primera trilogía de "Star Wars" (entera), "El Exorcista, el inicio", "La Matanza de Texas, el inicio"… son películas que no tendrían sentido por sí solas. Sólo sirven para complementar, con dudoso éxito, las películas originales. Son totalmente prescindibles.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.










solrac dijo
Estoy totalmente de acuerdo contigo ... Yo también me cago en tó eso !!!
19 Marzo 2007 | 04:48 PM