Dicen que, hacia finales del siglo quinto, el Papa quiso prohibir un rito pagano de la fertilidad. La fiesta era, por lo menos, curiosa. Se sacrificaban animales, se les arrancaba la piel a tiras y los sacerdotes golpeaban a los estériles con esos pellejos ensangrentados. Después de la ceremonia, las parejas corrían a su casa para echar un polvete antes de que el conjuro perdiera su efecto. El amor… Era algo parecido a los orgasmos globales que ahora se organizan por Internet.

Esta celebración tenía lugar todos los 15 de febrero. Cuando el Papa la prohibió, los paganos simplemente la disfrazaron un poco y la pasaron al día 14, en que se conmemoraba el martirio de un joven cristiano llamado Valentinus. Parece que, un par de siglos antes, el tal Valentinus se había dedicado a unir en matrimonio a jóvenes parejas -no me consta si todas eran heterosexuales- desafiando así una ley imperial que impedía que los soldados se casaran (el matrimonio es una distracción que el ejército no podía permitirse). Valentín fue por ello condenado a muerte, ejecutado y santificado.

Por estos dos motivos -y alguno más que habrá- el día de San Valentín quedó asociado a la fertilidad, el sexo, el amor y el matrimonio. ¡Qué bonito!

Muchos siglos después, con la invención de la mercadotecnia, alguien detectó una oportunidad de negocio en este día. La oportunidad siguió el proceso habitual, convirtiéndose primero en oferta, después en pedido y, finalmente, en factura. Se había creado una necesidad social y unas formas de satisfacerla. ¡Venga, a ganar dinero!

Desde entonces, parece que, si el día de San Valentín no le haces un regalo a tu cónyuge, la pareja se debilita. Publicidad, tarjetitas de felicitación y otros obsequios absurdos (he llegado a ver tartas en forma de corazón y de color rosa). Me cago en el actual día de San Valentín. No soporto que los grandes almacenes dicten cuándo tenemos que hacernos regalos o qué tipo de obsequios hay que comprar. Por no hablar de lo mal que se siente uno cuando el día de San Valentín le pilla sin pareja. Esos días, da rabia incluso el ver a una pareja besándose por la calle.

Yo voy a pasar de bombones, ropa interior sexy u otras dádivas. Como mucho, celebraré el día de San Calentín (para muchos, San Calentón) y volveré a rememorar a Valentinus como hacían los romanos, pero sin sacrificar animales, que eso está muy mal visto últimamente.

Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.

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