¿Son buenas las drogas? Algunas sí, sin duda; nos curan enfermedades. Otras, en función de la dosis, pueden no ser perjudiciales. Y también hay drogas que, por mínima que sea la toma, hacen daño. De la misma forma que no se puede generalizar con la droga, tampoco se debería con la prensa rosa, pero yo lo voy a hacer. Soy así de contradictorio.

Me gusta comparar la prensa del corazón con las drogas porque creo que tienen un modelo de negocio muy parecido. Por un lado, están los productores. En un caso, agricultores suramericanos, marroquíes, gente muy necesitada, que tiene que cultivar las plantas más rentables para sobrevivir (coca, cáñamo, adormidera…). En cuanto al cotilleo, los productores son los famosillos de capa caída (o los que nunca han tenido capa) que, para poder mantener su ritmo de vida, tienen que vender su intimidad por fascículos. ¿Reprochable? Sólo cuando el agricultor adultera su mercancía o cuando el famosete inventa historias para publicitarse. Me cago en los montajistas.

En el segundo eslabón de la cadena, están los distribuidores. Desde grandes narcotraficantes a camellos de barrio; desde grandes agencias a paparazzi autónomos. Saben que hay un mercado. Saben que la gente está dispuesta a pagar mucho dinero por un poco de droga o por un rumor. Y se aprovechan de ello. Suelen ser tremendamente ricos y despiadados. Pagan bien a los pobres agricultores, pero ingresan mucho más de lo que gastan. Codiciosos, muchas veces venden gato por liebre, y mezclan la droga con sustancias más baratas para reducir costes. Los periodistas hacen lo mismo y exprimen una foto o una frase, que ni siquiera es noticia, adornándola de tal forma que incluso parece tener relevancia. Me cago en los periodistas que pretenden convertir lo vulgar en trascendente.

Finalmente, están los consumidores. Ningún negocio funciona si al final no hay gente que se deje la pasta en él. Hay consumidores esporádicos. A ésos, sólo les puedo recomendar prudencia, están jugando con fuego. Los habituales, los drogaditos, son enfermos. Algunos ni siquiera son conscientes de su enfermedad, pero se están dejando perder la vida. Con la cantidad de cosas bonitas que se pueden hacer, parece estúpido perder el tiempo con las drogas (o con el papel cuché). También me cago en aquellos que conocen mejor qué pasa en la familia de Lola Flores (o del famoso de turno) que en la suya propia.

Tres actividades que se complementan la una a la otra. La mierda fluye en un sentido, mientras el dinero recorre el sentido contrario -aunque la mayor parte se pierde siempre entre intermediarios-. Unos producen mierda, otros la revenden y los últimos la compran. Me cago en toda la cadena de suministro pero, de la misma forma que, en lo relativo a drogas, mi dedo acusador apunta principalmente a los traficantes, si hablamos de prensa rosa, me cago sobre todo en las grandes productoras (Hormigas Blancas, Mandarina, Cuarzo…) y en las revistas que publican basura.

Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.

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