Me cago en los perros que mean en las aceras
Dice un proverbio español que "sobre gustos y colores no han escrito los autores". Supongo que esto explica el hecho de que a algunos nos repugne Jiménez Losantos, mientras que miles de personas le escuchan cada día. O que a muchos no nos gusten los perros, y que haya tanta gente que los adora y que incluso les llega a llamar "animales de compañía". ¿De verdad un perro puede hacer compañía? A mí, no, desde luego. Pero, tal como dice la leyenda urbana, que cada uno haga lo que quiera con el paté.
Es evidente que animales sucios (como las ratas, las palomas o las cucarachas) encuentran en las ciudades un gran lugar para vivir. Creo que los perros tienen -o deberían tener- más clase. Diría que los perros más felices son los que viven en pueblos o en las afueras de la ciudad, en chalecitos con jardín, donde tienen toda una urbanización para corretear y para hacer sus necesidades. Quienes se empeñan en tener perros encerrados en un piso, se ven obligados a sacarlo a la calle de vez en cuando para que el animalito haga pipí y popó fuera de casa.
Cada vez hay más gente que acostumbra a llevar una bolsita para recoger las caquitas de su mascota (o una bolsa para los cagarros, que hay perros sorprendentes). Podríamos felicitarnos por eso; aunque, como cada vez hay más perros con dueños incívicos, la cantidad de mierda en la calle sigue aumentando. Pero no hay ningún invento para recoger el pis. Recuerdo que antes los perros eran más prudentes y meaban siempre en árboles o, como mucho, en señales de tráfico. Supongo que, como cada vez hay más animales en las ciudades, su instinto de dominio territorial se ha agudizado, y no les basta con marcar el árbol de la esquina para indicar que la calle es suya. Tienen que mearse en la acera, en las tapas de las compañías de utilidades, en las ruedas de los coches… Yo me cago en aquellos que permiten que sus perros manchen la calle con orina.
Y es que la orina de perro es muy chunga. No sé qué composición química tendrá (ni ganas) pero lo deja todo hecho una mierda. La mancha es persistente, penetra en las porosidades del suelo y de ahí no hay quien la saque. ¿Solución? Fácil: vigilancia y sanción. Que los urbanos trabajen un poco no es pedir demasiado (también me cago en ellos, por vagos). Bastaría con que cada guardia dedicara un par de horas a la semana a vigilar quién ensucia la calle. Y a quien la ensucie, multa. Estaría bien hacer como en los Estados Unidos: trabajos sociales para reparar el daño causado. Quien tira un papel al suelo, que vaya a limpiar culos a un geriátrico. Quien escupe, a desenganchar chicles con un rascador. Y quien deja que su perro orine en la acera, a trabajar gratis a la perrera municipal, para que aprenda que incluso los perros abandonados están mejor educados que el suyo.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.








Albert dijo
Completa y absolutamente de acuerdo. En mi calle hay un pedazo de acera sin adoquinar, con tierra. No se por-ke-kojo-nes los dueños (al fin y al cabo los animales no tienen culpa) piensan que por ser tierra el cagarro va a ser succionado por ella. No señores, el cagarro se queda a mirar el paisaje y se va secando al sol o se marcha de paseo pegado a una suela.
El año pasado fue peor. Nevó y el inmaculado blanco de la nuieve se vió salpicado por la incontinencia cagadora de miles de perros del vecindario que, al no distinguir los límites de la acera, se cagaron por doquier. Claro, todos conocemos el increible poder biodegradante de la nieve (?) que, al derretirse, arrastra consigo todo cuanto se halle en su superficie.
No señores, no. Los cagarros no se evaporan ni se derriten con la nieve. Con lo poquito que nieva y ya no puedes jugar a hacer muñecos de nieve sin el riesgo de ponerle un cagarro por nariz en lugar de la zanahoria pertinente.
Albert
23 Enero 2007 | 12:06 PM