Me cago en los nengs
Me gusta Buenafuente. Lo admiro. Sabe mirar las cosas desde lejos, con suficiente perspectiva como para no tener que valorar. Simplemente observa y se ríe. De (casi) todo. Algunos confunden esa vista de pájaro (la helicopter view, que diría algún anglófilo) con mirar por encima del hombro, y lo tachan de prepotente o vanidoso. Independientemente de si Buenafuente es un chulo o no, a mí me gusta el retrato que han hecho de los macarrillas catalanes, los nengs. Me río con el personaje de Eduard Soto. Pero, cuando me encuentro individuos de estos por la calle, no puedo reírme. De hecho, no puedo evitar cagarme en ellos.
Lo primero que salta a la vista es la manada. Es difícil encontrar a nengs que vayan solos. No son personas independientes, necesitan pertenecer a un grupo porque creen que solos no son nada. En eso tienen razón: solos no son nada. Lo que no saben es que, yendo en grupo, son menos todavía.
Después, me fijo en el aspecto físico. Imagino que hacen mucho deporte. Por eso siempre llevan chándal. Algunos tienen que estar haciendo la mili (¿todavía se hace?), porque llevan el chándal del ejército, con la bandera española recorriendo el lateral del pantalón. Además, suelen ser muy flacos. ¿Será que practican atletismo de fondo? O quizás corren otro tipo de maratones. Maradona demostró que la droga ayuda a mantenerse delgado. ¿Y los pelos? ¿Y los pendientes? En fin, lo que una vieja resume sabiamente con un "qué mala pinta".
No es siempre así, pero los que no se dejan todo el sueldo en el crédito del coche suelen llevar perro. Boxer, pitbull o dogo argentino son sus razas favoritas. Evidentemente, lo llevan sin bozal. Y ya se sabe: dueño capullo, perro guarro. Es fácil encontrar meadas o cagadas de esos animales por la calle. Y de sus perros, también.
Me acerco y, entre escupitajo y escupitajo, dicen alguna palabra. No termino de adivinar si hablan en catalán o en castellano. En realidad, no hacen ni una cosa ni otra. Su nivel cultural no les permite distinguir los dos idiomas y por eso los mezclan sin saberlo. Ahora que vienen los reyes magos, oigo que hablan de una cámara digital de ocho píxeles que han visto de oferta no sé dónde. "Eso, cómprate una cámara de ocho píxeles, a ver qué fotos te salen, majo", pienso.
Al pasar por su lado, huelo a hierbas. Están fumando porros en medio de la calle. Preferiría que fumaran en su puta casa, pero supongo que algún camionero borracho estará colaborando para que su madre pueda pagar las deudas de juego del padre o la desintoxicación del hermano mayor.
Me alejo murmurando el "me cago en ellos" de rigor, cuando el ruido me impide escuchar mis propios pensamientos. El neng aplicado, el que se sacó la FP en mecánica y ahora tiene un sueldo estable, llega con su coche nuevo –naranja, con faldones rojos y techo amarillo–, la música a todo trapo y las ventanillas bajadas. ¡Qué hijo de puta! ¿Cómo se puede ser tan hijo de puta? Deseo que lo despidan del curro mañana mismo, y que su padre (el mismo que no le ha sabido enseñar qué es respeto por lo público) se tenga que hacer cargo de las cuarenta letras que faltan por pagar del jodido coche.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.








Uncultivador dijo
"Es fácil encontrar meadas o cagadas de esos animales por la calle. Y de sus perros, también."
JAJAJA, en Sevilla no tenemos "nengs" nos basta con los "canis" cuyo parecido es algo más que sorprendente, deberían hacer un estudio sociológico, o mejor dicho antropológico que buscase el origen de estas similitudes, dada la relativa distancia geográfica.
Un saludo.
5 Enero 2007 | 01:03 PM