Desde el 1 de enero de 2006, está prohibido fumar en espacios públicos cerrados: oficinas, bares, restaurantes, discotecas… Un año después, todavía hay mucho borrego que no se ha enterado, que hace ver que no se ha enterado o que, simplemente, se pasa las leyes por el forro de los cojones. Yo me cago en todos ellos.

Primero, me cago en los tontos. O inconscientes, como queráis llamarles. Son tipos que viven en su mundo ideal. Hace años que no leen un periódico y creen que ZP es un personaje de cómic. No se enteran de en qué mundo viven y, egoístas como son, piensan que pueden hacer lo que les dé la gana allí donde vayan. Si les recriminas algo, te miran extrañados, porque no entienden que alguien pueda molestarse en recordarles que fumar en una estación de metro está prohibido.

Segundo, me cago en los listillos. Tengo que reconocer que alguna vez he fingido demencia para salir airoso de situaciones complicadas. Siempre he pensado que hacerse el tonto es la manera más inteligente de ser listo. Eso no impide que me molesten los listillos. "Verás, es que esto es la sala de espera de urgencias; aquí no se puede fumar". "Uy, perdona, no me había dado cuenta. Ahora mismo lo apagaré". ¡Serán caraduras! Situaciones así me dejan perplejo, con una sensación mezcla de ira, porque sé que no quieren cambiar; resignación, porque no van a cambiar; y envidia, porque, a pesar de todo, les van bien las cosas a los jodidos.

Y tercero, me cago en los gilipollas. Éstos son los peores: los cínicos. Saben perfectamente que no se puede fumar en el aeropuerto, en la discoteca o donde sea. Saben que existen zonas reservadas para fumar. Se acercan a ellas. Y cuando están cerca de hacer las cosas como es debido, se ponen a fumar a tres metros de la zona reservada. Imagino que lo hacen por joder. No puede haber otra explicación. "Mirad, sé que debería estar fumando ahí, pero lo hago aquí porque me sale de los cojones. ¿Pasa algo?". ¿Pues qué va a pasar? Que eres un gilipollas y un consentido. Pero no dudes que, al final, el tiempo coloca a cada uno en su sitio, mamón.

Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.

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