Me cago en El Rondo
Alfonso Arús siempre me ha caído mal. Especialmente, desde que me dijeron –hará unos quince años– que me parecía a él. Me disgusta parecerme a gente que me disgusta. Tiene una cara afable y una sonrisa estupenda, pero creo que, por la cabeza afeitada de Arús, no corren más que índices de audiencia, amarillismo y desconfianza.
No sé si continúa en la radio, pero en televisión está haciendo más de tres horas diarias en directo en 8tv (Arucitys y Força Barça) a lo que se suma la dirección de las ediciones estatal y autonómica de El Rondo. Es probable que haga más cosas, pero me voy a centrar en el mencionado Rondo (nada que ver con el rondeau, como algunos pensaban).
Este programa pretende ser un debate futbolístico, ágil y divertido. Más que un resumen de lo acontecido en la jornada, hace hincapié en tendencias detectadas que pueden marcar el devenir de los próximos encuentros. Hasta ahí, perfecto. Muy buen objetivo. Pero planificación no es lo mismo que ejecución. La mejor idea puesta en manos de incompetentes puede hacer fracasar cualquier proyecto.
¿Y quiénes son los incompetentes de El Rondo? Cuando algo falla tan estrepitosamente, no se puede buscar un único culpable. La responsabilidad está repartida, aunque parece lógico no empezar por Valery Karpin, que es el último mono que ha llegado. Si se trata de cortar cabezas, mejor empezar por arriba.
Lo más molesto de El Rondo es el ruido. Durante el 60% de la duración del programa hay más de tres personas hablando a la vez. No se entiende nada. A mi entender, el responsable de esto es el director, que no da las directrices adecuadas a los moderadores para que corten a los invitados maleducados. Los mismos presentadores también podrían rebajar los niveles de ruido, precisamente porque muchas veces son ellos mismos quienes inician conversaciones paralelas. Y, lógicamente, los responsables últimos son los invitados, que aplican el principio de "me vas a escuchar porque voy a gritar tanto que no permitiré que oigas tus propias palabras". Si quisieran comunicar algo, se preocuparían de usar un silencio para empezar a hablar, pero como lo importante (incentivado desde la dirección) es el jaleo, las formas terminan pisando cualquier fondo posible.
Imagino quienes se dediquen a la gestión de proyectos habrán encontrado varias dobles lecturas en este artículo. Es intencionado. Porque también me cago en directores de proyectos que, como Arús, no saben fijar objetivos a su equipo; en jefes de equipo que, como los presentadores de El Rondo, permiten que sus supervisados resten en lugar de sumar; y en quienes, como los invitados, prefieren gritar y armar barullo antes que hablar constructivamente.
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.








jaimixx dijo
Yo solo vi el programa una vez y no me enteré de nada!
19 Diciembre 2006 | 11:33 AM