¡Qué gran invento la moqueta! Además de disimular la suciedad, algo muy necesario en lugares públicos como oficinas u hoteles, amortigua el sonido de los pasos. Es fácil de colocar y existen múltiples posibilidades de diseño y prestaciones. Hasta hace poco, trabajaba en una oficina enmoquetada. Por eso no me había dado cuenta de una de las cosas que más me molesta: la gente que camina arrastrando los pies.

Con el fin de darse importancia, muchos gremios atribuyen a su actividad una influencia decisiva en la personalidad de los individuos. Por ejemplo, los escritores dicen que "somos lo que leemos". Los tahúres, que somos tal como jugamos a las cartas. Los modistos, que somos lo que vestimos… Los peluqueros podrían decir que somos como nuestro peinado; los torneros-fresadores, que somos tal como fresamos; o los vendedores de pesca salada, que somos salaos como el bacalao. Yo, como peatón, me apunto a este simple modelo psicológico y digo que "somos como andamos".

Esto quiere decir que quien camina arrastrando los pies es un arrastrado. Lo primero que me molesta de los arrastrados es el ruido. Sólo por eso, ya me cago en ellos. Pero hay mucho más. El que se arrastra da sensación de no querer ir donde va. No soporto a la gente que no hace lo que quiere o que no quiere lo que hace. El que se arrastra se muestra débil y lleno de dudas. No soporto a los indecisos. Arrastrarse también es humillarse vilmente ante el poder o la fuerza. No soporto a los faltos de principios, orgullo o amor propio. En definitiva, no soporto a los arrastrados -o a los que caminan arrastrando los pies- y me cago en ellos.

Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.