Me cago en Papá Noel
Ha llegado la navidad. No la Navidad que rememora el nacimiento de Cristo, sino la navidad de los regalos, las compras, los escaparates rebosantes y las calles adornadas. Con el encendido de las primeras luces, siempre hay algún espíritu pobre que suelta el comentario facilón: "¡Cada año colocan las luces navidad antes! Al final, será septiembre y ya las habrán puesto". Lo que se llega a oír cuando te juntas con gente no tiene nada interesante que contar. Pero no quería hablar de adornos callejeros, sino de regalos. Mejor dicho, de uno de los personajes que nos trae regalos: Papá Noel. Yo me cago en él.
A simple vista, la misión de Papá Noel está bien. Lleva juguetes a los niños que se han portado bien y carbón a los traviesos. Pero un gordo, viejo, con los mofletes rosados, que va por ahí en pijama -un pijama horrible, por cierto- y que sólo trabaja un mes al año me da mala espina. No puede ser trigo limpio.
Me he estado documentando, y nadie sabe con certeza dónde vive Papá Noel. Se habla de Laponia y de Groenlandia. Yo diría que, con las pasta que tiene que levantarse, seguro que tiene un chalecito en cada urbanización de lujo del polo norte. En cualquier caso, un frío de cojones combinado con sus mejillas y nariz rosadas son indicio evidente de alcoholismo. Seguro que va borracho todo el día. Como no hay controles de alcoholemia para los conductores de trineos voladores, él, tan pancho. Diría que incluso le da Vodka al reno que le hace de guía, el tal Rudolph, porque también suele tener la nariz encendida.
Durante la navidad, todo es muy bonito. Va recorriendo el mundo con su trineo y repartiendo alegrías. ¿Pero os habéis planteado a qué se dedica Papá Noel el resto del año? Estoy seguro de que no viste ese ridículo uniforme. Me lo imagino en su casa (más bien chalé), con la calefacción puesta a tope (es un derrochador), con una camiseta vieja por la que asomará el ombligo (lleno de pelusilla, seguro), con un botellín de cerveza en una mano (o una petaca de Vodka) y un látigo en la otra. Sí, un látigo. Porque es un tirano. Un dictador que, en lugar de contratar más enanos para fabricar juguetes, explota a los que ya tiene a golpe de látigo, bajo amenaza de despido. Ya se sabe que las oportunidades que tiene un enano de encontrar trabajo en el polo norte son limitadas (y más si se conoce que Papá Noel te ha echado). Así que a los pobres enanos no les queda otro remedio que hacer horas extra para tener los regalos a punto. De ahí viene la frase "currar como un enano".
Algunos prefieren a Papá Noel porque trae los regalos antes y así los niños tienen más tiempo de disfrutar los juguetes. Pamplinas. Cuando los niños han sido buenos, basta con indicar en la carta a los Reyes Magos la fecha de entrega deseada (tiene que ser posterior a la paga extra, eso sí) y ellos se las ingenian para que los regalos lleguen a casa cuando haga falta.
Espero que mis lectores de Lowell (Massachusetts) no se tomen este artículo como algo personal. Papá Noel no me cae mal porque sea un invento americano, sino porque es un alcohólico, corrupto, un tirano y, muy probablemente, pederasta (eso de sentarse a todos los niños en las rodillas es sospechoso).
Me he quedado a gusto… Estoy mucho mejor.




futuro dijo
Este año te quedas sin regalo de Papá Noel, chato ;-)
¿ Qué piensas del traje de Mamá Noel, minifalda tipo cinturón ancho y coletitas (que bien se sabe que es algo un poco erótico/festivo para muchos chicos)?
25 Noviembre 2006 | 08:08 PM