Me cago en los guarros (en la calle)
Tengo muchos defectos. Uno de ellos es que me gusta demasiado mi ciudad: su historia, sus edificios, su gente, sus tradiciones… Por eso detesto a quienes ensucian las calles de su ciudad. Y me cago en la puta madre de los que ensucian la mía.
Me es indiferente lo que cada uno haga en su casa, de puertas para adentro. Me da igual si alguien quiere comer pipas y tirar las cáscaras en su salón; o si le apetece soltar un sepiajo verde en medio del pasillo; o si tira las colillas al suelo; como si quiere mear en el armario de su habitación. Me la pela. Pero, en la calle, se convive con otras personas y a algunos no nos gusta ver cómo otros la dejan hecha una mierda.
Yo me cago en los guarros. Sean de donde sean. Aunque, lamentablemente, llevo años constatando que moros y chinos son algo más guarros que los españoles. Imagino que, acostumbrados a vivir en aldeas, donde las calles no están ni siquiera asfaltadas, no son conscientes de cuánto ensucia un escupitajo, un chicle, una meada de perro —o humana— o la simple basura descolocada. Si es así, bastaría con educarles. Y como, a base de hostias, se aprende todo mucho antes, unas cuantas multas servirían como curso acelerado de civismo.
Tienen más delito los guarros españoles. Los extranjeros pueden escudarse en diferencias culturales, pero los guarros de aquí merecerían ir a la cárcel. Cuando escucho al típico viejo, arrugado, caminando como un péndulo invertido por culpa de la artrosis, resfriado, con el pecho cargado y que hace "grgrgrhj, ¡zup!", no es que me cague en él y en su puta madre. Es que me apetecería agarrarle por el cuello, arrodillarle y obligarle a tragar lo que acaba de escupir. Pero sé que eso tampoco estaría bien. Así que simplemente me cago en él, esperando que, algún día, un concejal de medio ambiente con cojones se atreva a multar a los peatones que ensucien la calle.
Me he quedado a gusto... Estoy mucho mejor.
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Anita B. dijo
"(...)lamentablemente, llevo años constatando que moros y chinos son mucho más guarros que los españoles. Imagino que, acostumbrados a vivir en aldeas, donde las calles no están ni siquiera asfaltadas, no son conscientes de cuánto ensucia un escupitajo, un chicle, una meada de perro —o humana— o la simple basura descolocada. Si es así, bastaría con educarles".
No es por nada, pero este párrafo suena "un pelín" racista... ¿En el racismo no te cagas? Estoy de acuerdo en que la gente (en general) es poco considerada con la calle, su mierda y convertir con ella la ciudad en un estercolero, pero de ahí a decir que moros y chinos son mucho más guarros porque vienen de aldeas... Es un poco fuerte, ¿no? He visto moros y chinos muy limpios (que incluso reciclan) y españoles a los que no les importa dejar sus bolsas de basura en un contenedor de escombros, ahí a la intemperie, en pleno agosto, para que su mierda se corrompa y nos perfume a todos.
Besinhos from Anita B.
27 Octubre 2006 | 09:49 PM