Hola, amigos. Disculpad que haya estado tanto tiempo sin escribir. No sé si podré volver a hacerlo asiduamente pero hoy he encontrado un hueco y un tema motivador: la captura del tiburón de Tarragona.
Personalmente, me ha parecido una excelente noticia. Más que nada, porque no creo que hubiera otras soluciones razonables distintas al desalojo. He decidido recuperar esa vieja costumbre de cagarme en todo al leer algunos comentarios publicados en la prensa. Unos ejemplos:
Pobre animal. Dejadle vivir en paz en su hábitat, que es el mar.
¿Desde cuándo el hábitat de los tiburones es la orilla de la playa? Este caso tiene que ser investigado. O bien el tiburón está enfermo o bien algún desaprensivo que lo criaba en un acuario lo soltó al mar al ver que ya no podía mantenerlo.
Pobrecito. ¡Qué lástima de tiburón si no es peligroso!
Un tiburón gris te puede arrancar un brazo de un mordisco, por eso había bandera roja en la playa. ¿Qué se tendría que haber hecho? ¿Era mejor tentar a la suerte cruzando los dedos para que el tiburón, en un mal día, no lisiara a nadie?
¿Dónde están esos catalanes antitaurinos?
Hay que ser gilipollas para mezclar churras y merinas de esa forma.
Vaya chapuza de captura de los señores expertos.
Ya salió el listo que todo lo sabe. Los más ignorantes sobre este asunto (sin duda, los más osados) han propuesto alternativas al traslado al acuario de Barcelona. Yo no tengo ni puta idea de cuál era la mejor solución pero, precisamente por eso, imagino que quienes saben de esto habrán actuado con profesionalidad.
Leyendo este tipo de comentarios, no puedo hacer otra cosa que cagarme en la demagogia y, por extensión, en todos esos ecologistas plañideros, que prefieren que un tiburón desorientado siga amenazando bañistas, en lugar de que sea tratado en una clínica para animales. Si todo va bien, el escualo se recuperará en unos días y será liberado en alta mar.
Me he quedado a gusto... Estoy mucho mejor.





